sábado, 18 de septiembre de 2010

Y al salir

Me llaman para salir, es una tarde-noche lluviosa como ninguna otra, pero me convencen. Salgo al portal. Sigue lloviendo. Abro mi paraguas gris del ikea y empiezo a caminar. Mientras camino pienso en el tabaco de ésta noche: no tengo papel de fumar.

Entro a un Paki. Pido papel de liar. El Paki lo posa en el mostrador.
-¿Desea algo más? -me pregunta.
Muevo la cabeza de lado a lado, no digo en voz alta que no, temiendo a que mi voz se rompa al salir de mi garganta. Normalmente suelo hacer ésto para parecer graciosa, aunque la gracia me venga sola. Le doy la pasta al Peki y salgo corriendo de la tienda como si hubiera habido una amenaza de bomba terrorista.

Casi se me olvida que seguía lloviendo en la calle cuando comienzo a notar la lluvia sobre mi cabeza de nuevo, mientras, voy corriendo hacia la parada de autobús, esquivando los charcos cual mario bross esquivando a la tortuga. Me he mojado algo los pies, pero no me importa.

En el autobús, una chica se sienta a mi lado. De reojo ella mira lo que estoy escribiendo. Ahora ve claramente lo que estoy escribiendo porque mira descarada, mira mis piernas, (llevo medias y faldas un tanto extrañas). Ahora mira hacia abajo. Ahora de nuevo a mi libreta, me mira y no dice nada. Me encanta ésta situación. Creo que piensa que soy una chica rara. Me importa un pimiento.

A dos paradas del final de trayecto del 165, se suben dos chicos con muchos cartones de vino y botellas de coca cola. No pienso en la gran borrachera que se van a pegar ésta noche, sino en que el trayecto se acaba ya y no van a amortizar el billete de autobús como yo.

Acaba el viaje, antes de bajar del bus, intento abrir mi paraguas otra vez, salgo del bus y descubro que a mis pies, existe un río de agua nuevo en plaza de España que seguro que no había antes y viene hacia mi.
Inevitablemente acaba mojándome los pies por completo y termino metiéndolos en el río sucio y pegajoso. Justo después de éste instante, pienso que moriré de una neumonía al llegar al bar (siempre busco alguna manera posible de morirme joven).

Aun dentro del metro, sigue habiendo charcos. Me adentro en la línea 3, unos chicos chillan a voces el nombre de una amiga suya y coincide con el nombre de una chica que me gustó hace mucho y viene a mi memoria. Intento imaginar su vida ahora o en si alguna vez pensará en mi.

Miro la hora y las paradas que me quedan para llegar a Fontana. Pienso y calculo que, como simpre, voy a llegar cinco minutos antes y me tocará esperar a que mi amiga llegue.

2 comentarios:

  1. Hola! Me he quedado con la duda si despues mereció la pena el salir fuera, mojarte los zapatos y el trasiego de transportes.

    Espero que sí, un saludo.

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  2. que guay escribes isa! Y no lo dudes, eres una chica rara :D

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