Que mis labios besan mejor a la sombra de una calle de verano, que en todo éste invierno frío y marchito de amor.
Y siendo sinceros, mis huesos entienden más de sentimientos que mi propio corazón, envuelto en plástico, sin usar; virgen y orgulloso.
Mentiras, ocupan todo el aire convirtiéndolo en denso, y las verdades inocentes desinfectan esa densidad que cubren toda mi alma, pero una parte se escapa y vuela fuera de mí.
Nos abandonas, y mi sombra llora tu ausencia, yo no me lastimé. Por suerte, las heridas siempre hacen a uno sentirse siempre vivo, y yo ahora estoy muerta.
Isabel María Ruiz Olmo
1-03-09
miércoles, 14 de julio de 2010
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